Origen Árabe de la comparsa de Labradores

Con los pies forrados de esparto y medio sumergidos en una húmeda y esponjosa tierra, sus piernas se desplazan y apartan como un gigante pero con sumo cuidado, las frescas hortalizas y verduras que emergen del suelo. Es su cosecha, es su vida y la de su familia. Sus riñones, enfundados en su roída faja y como si de un resorte se trataran, yerguen su cuerpo para mirar la lejanía. La suave brisa del otoño juega con los pliegues de su sarawil y le acerca el aroma de la pitanza que se cocina en la cercana alquería. El sol, ocultándose tras el horizonte, le indica la hora de volver a casa.

- Gracias Dios por esta fecunda tierra de mis antepasados que algún día heredarán mis hijos- piensa orgulloso Abu-l-Hasan, labrador de Bilyana.

El presente artículo no pretende profundizar en los pormenores de la conquista de la península por parte de los musulmanes, ni tampoco realizar un exhaustivo estudio del origen y desarrollo de nuestra ciudad. Sobre estos aspectos existen multitud de trabajos de ilustres historiadores que instruirán con detalle y sapiencia a aquéllos que deseen conocer estos hechos. Situaremos pues el momento histórico con breves datos y pasaremos directamente al objetivo de estas líneas. Éste, no es ni más ni menos que alumbrar aspectos históricos de nuestra Fiesta que quizás hayan pasado desapercibidos; hallar nuevos datos sobre el origen y naturaleza de nuestras comparsas y plasmarlos en nuestros desfiles sin pretender embelesar al espectador con "lo espectacular", más bien iluminar al público con la autenticidad de lo puesto en escena en nuestra Fiesta.

Abramos nuestra mente y lancemos una nueva mirada ...

Las Fiestas de Moros y Cristianos surgen como rememoración de la etapa de presencia musulmana en nuestra región y de las batallas que fueron alternando el poder entre musulmanes y cristianos. La invasión y dominación musulmana en la Península Ibérica durante varios centenares de años, dejó una gran huella en la sociedad medieval española. Un legado histórico, artístico y cultural que no desapareció con la reconquista de los reinos cristianos a finales del siglo XV, sino que todavía permanece hoy en nuestra sociedad.

Nuestra comparsa, los Labradores, somos parte de estos hechos y representamos las costumbres y vida cotidiana de los agricultores y gentes de la época: el día a día de un duro trabajo en el campo, la siembra, el cultivo, la recogida de la cosecha, la cocina tradicional, las antiguas indumentarias como alpargatas, chaleco, faja, blusas, hocetes, bordados, etc. Pero ... ¿representamos a agricultores cristianos, árabes o ambos?

Recordemos que los árabes llegan a la península en el año 711 y en apenas cuatro años la conquistan en gran parte. En el pacto de Teodomiro en el año 713, Villena no aparece como ciudad, sino como una al-qariya, es decir una alquería, una aldea situada en el actual barrio del Rabal. En este tratado se menciona una ciudad de nombre Blntla o también Blntya, que pasó a llamarse Bilyana a partir del S. XI y que finalmente se llamaría Villena.

La existencia y desarrollo de Villena como ciudad y el incremento de su población comenzó por tanto en época árabe. Ésta se constituyó partiendo de la medina edificada alrededor del posterior castillo de la Atalaya, mencionado en fuentes árabes por el año 1172. Medina que ha llegado hasta nuestros días evolucionando a lo que ahora es el barrio del Rabal. El castillo de Salvatierra, construido sobre el siglo X, también es un claro ejemplo de origen musulman.

Tras la ocupación musulmana y su posterior reconquista, la replobación de Villena y otras poblaciones de la comarca se realizó con catalanes y aragoneses y, más adelante con castellanos. Sin embargo, la población morisca del Vinalopó no desapareció en su totalidad, sobre todo en Elda, Petrer, Monóvar, Novelda, Agost, Aspe, Elche y Crevillente. Por disposición de Los Reyes Católicos en 1474 Villena y Sax se vieron libres de la presencia de moriscos; aunque no lo había sido así hasta entonces.

Tras todo lo expuesto anteriormente surgen diversas dudas. Si durante la época tardía de ocupación musulmana y la posterior Reconquista, periodo en el que se cimienta nuestra Fiera de Moros y Cristianos, los labradores existentes en nuestra ciudad y comarca eran musulmanes ¿por qué no representamos a estos labradores árabes en nuestra comparsa? Si tras la Reconquista, Villena continuó albergando población morisca a pesar de la llegada de castellanos hasta su expulsión definitiva ¿quienes realizarían las duras tareas del campo los repobladores o los vencidos mudéjares que eran quienes realmente habían efectuado la revolución agrícola? Finalmente, ¿realiza nuestra comparsa un completo papel en la historia que pretende representar nuestra Fiesta de Moros y Cristianos? Si lo realiza, ¿conocemos en profundidad el papel que llevamos a escena?

Tras la lectura de estas cuestiones puede venir a nuestra mente una amalgama de pensamientos de diversa índole. Algunos de incomprensión, otros de aversión sobre la posible aberración planteada y unos terceros, los más curiosos y reflexivos, sobre un posible nuevo punto de vista nunca antes estudiado. En cualquier caso, las respuestas las obtendremos analizando aquello que representa nuestra comparsa.

VOCABULARIO

Observemos en primer lugar el vocabulario que envuelve nuestra comparsa. Si reflexionamos sobre esto, es sorprendente como la terminología que predomina en una comparsa es inherente a aquello que represente. En nuestro caso los arabismos predominan en gran número. Teniendo en cuenta que el 8% del castellano actual es de procedencia árabe, la naturaleza cotidiana de nuestra comparsa la sitúa como representativa de este porcentaje. La cuantía de las palabras estudiadas es muy extensa y exponer la etimología de muchos préstamos árabes no es objeto de este artículo. Sirva el siguiente párrafo como sucinta muestra donde los vocablos árabes se encuentran resaltados:

En el siglo veintiuno en el que nos encontramos, sentado en el patio de la comparsa observo a mis iguales vistiendo chaleco, faja y zaragüell. La diana ha dejado un entrañable olor a albahaca. La ofrenda espera en el interior con alforjas repletas de naranjas. Los festeros almuerzan y no hay mesa sin aceitunas ni jarra de vino. Tampoco pan mejor aliñado que por una brillante alcuza de aceite de almazara. Todo me transporta a la huerta, a la acequia, a las norias y aljibes de nuestros campos. Colgadas en la pared adornan unas antiguas alborgas, no hay baile más labrador que la jota. ¡Olé! por el fascinante legado recibido.

 
CAMPESINOS
 
Un segundo aspecto a observar de nuestra comparsa es la simbolización campesina, es decir, los elementos que adornan y complementan nuestros desfiles para crear el ambiente labriego.
 
En el desfile de la Entrada nunca han faltado las alusiones a este tema con carrozas alegóricas, mulas con aparejos de labranza, grandes toneles de vino, barracas valencianas, etc. También en el desfile de la Cabalgata los maseros hemos participado aportando símbolos alusivos a nuestro origen campesino, convirtiendo las calles en un auténtico plantel, extrayendo al espectador del asfalto para situarlo frente a nuestra huerta, mediante plataformas que simbolizan cultivos, escenificaciones de trillado u otras tareas del campo o norias de agua a escala. Representaciones todas ellas del gran patrimonio hidráulico y de cultivo legado por los árabes y que perdura hoy día como un complejo sistema de regadía, con redes de acequias y brazales. Podemos decir que realizamos una genuina exaltación de los conocimientos técnicos arábigos puestos al servicio de nuestra tierra peninsular. Destacar que una institución tan distintiva del patrimonio cultural valenciano como el Tribunal de las Aguas es originaria de la época musulmana.
 
Una vez puestas en marcha estas técnicas es cuando, tras la siembra y el cultivo, llega la recolección. Nuestra comparsa se hace eco de este hecho y hace suya la misión de representar en nuestras Fiestas la gran variedad de alimentos que ofrece nuestra tierra, llegando a la cima de esta simbolización en la ofrenda a Ntra. Patrona durante la mañana del día 7 de septiembre. Es en este acto donde los labradores exponemos y ofrecemos a la Virgen de las Virtudes una recolección de alimentos extraídos de nuestra huerta. Producción que los labradores sacamos a la calle como parte de nuestra seña de identidad y que en gran medida tiene su origen en el legado musulmán.
 
Podríamos hacer un listado interminable de estos nuevos cultivos heredados pero simplificaremos con los siguientes elementos: hortalizas como la berenjena, la alcachofa, la coliflor, las espinacas, cítricos como el limón y el pomelo; frutas como el melón, la sandía, los dátiles, la granada o los albaricoques; además del arroz, el algodón, la caña de azúcar o el azafrán.
 
Tras la reconquista, los campesinos musulmanes conformaban una parte importante de nuestra sociedad rural. Trabajaban como nadie las tierras y el fruto de su labor alimentaba a poblaciones enteras. Esta abundancia de alimentos comenzó a peligrar con los deseos de huida de los musulmanes, debido a los abusos por parte de los señores.
 
"Si dichos moros se van, dichos prelados, caballeros, personas generosas y hombres de ciudades y villas no tendrán ni podrán tener de qué vivir, ni podrán servidor a vos, señor, en vuestras necesidades".
 
VESTIMENTA
 
El tercer y último aspecto que vamos a observar de nuestra comparsa es la vestimenta. El traje oficial, desde la fundación de la comparsa en 1926, se compone de zaragüel, alborgas, medias, faja, camisa, chaleco, cabeza cubierta, manta y herramienta de labranza. Recordemos que siendo presidente Panchana se introduce también el pantalón negro por el simple hecho de ser más cómodo, coexistiendo ambos pantalones hasta nuestros días.
 
Si partimos de que los labradores existentes antes de la invasión árabe, es decir los de influencia romana y bizantina, vestían calzas o bragas, sayo o túnica corta y ceñida y manta, que los visigodos llamaban striges cuando era fina y listada y borda si era de tela basta, ¿de dónde provienen las prendas de nuestro traje oficial?. Podemos afirmar que la invasión de los árabes influyó notablemente en la vestimenta de los pueblos sometidos quienes adoptaron sus zaragüelles o anchos calzones y sus hábitos casi talares, su faja y su turbante y su gorro semicónico.
 
El zaragüell es por tanto la prenda más representativa del origen árabe planteado, siendo utilizada ampliamente por los labradores de la huerta valenciana y murciana. Derivado de la palabra árabe sarawill, aparece nombrado en la Biblia, concretamente en el antiguo testamento, Daniel Capítulo 3:
 
Entonces el rey Nabucodonosor, llenó de cólera y demudada la expresión de su rostro contra Sadrak, Mesak y Abed Negó, dio orden de que se encendiese el horno siete veces más de lo corriente, 20.y mandó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrak, Mesak y Abed Negó y los arrojaron al horno de fuego ardiente. 21. Fueron, pues, atados estos hombres, con sus zaragüelles, túnicas, gorros y vestidos, y arrojados al horno de fuego ardiente.

Otro dato de este origen textil, en este caso literario, podemos encontrarlo en les Rondalles Valencianes d'Enric Valor. Recopilación de cuentos inspirados en la cultura popular tras diez siglos de presencia musulmana en nuestra geografía. Reproducimos aquí un fragmento de la rondalla El gegant del romaní:
 
"... calçat amb babutxes com un moro, abillat amb saragüells de seda blava - cada caml gros com una soca d'ametler-, una faixa roja i un jupetí tot brodat de mitges llunes i estreles senceres".
(Eric Valor, 1984c, 15. Rondalles valencianes)
 
Traducción: calzado con babuchas como un moro, ataviado con zaragüelles de seda azul -cada camal grueso como un tronco de almendro- una faja roja y un chaleco todo bordado de medias lunas y estrellas enteras.
 
No existe una gran documentación gráfica sobre la vestimenta en la vida cotidiana de los árabes para poder contrastarla con las prendas del traje de nuestra comparsa. Sin embargo, tras la lectura de estos fragmentos, si simplificamos el calzado y modificamos los ornamentos del chaleco, podemos visualizar notoriamente la base de nuestro traje oficial.
 
Tras la reconquista, los nobles cristianos y adinerados burgueses, introdujeron en su indumentaria elementos moriscos, las llamadas "modas moriscas", lo que constituía un despliegue de colorido en las ceremonias, desfiles y fiestas cristianas; ricas telas, holgadas y de colorido vistoso; ricas fajas de seda; exuberancia de adornos con remates de bordados en hombros, cuello y bordes inferiores. Tavalloles de cap, tiras largas de lino o seda que se arrollaban utilizadas tanto por hombres como por mujeres. Frente a este lujo se encontraban los labradores. Contrastemos su vestimenta. En éstos también había influido la indumentaria  morisca pero adaptada a su labor en el campo: camisas de tela blanca pero de peor calidad, fajas de material deslucido pero más abrigado como lana e incluso arpillera, calzón de un largo hasta bajo la rodilla, hecho de tela blanca abundantemente fruncida (zaragüell) y la cabeza cubierta pero con menos tela derivando en un simple pañuelo, pieza casi obligada en todos los hombres que cubre la cabeza de formas muy diferentes dependiendo de la forma de anudarlo. Ésta es una perfecta estampa que reproduce de nuevo la base de nuestro traje oficial.
 
 
CONCLUSIONES
 
Una vez examinados estos tres pilares importantes de nuestra cultura festera como son vocabulario, simbología y vestimenta, no nos queda más que entender nuestra idiosincrasia asumiendo la importancia que otras culturas han tenido en nuestro origen, concretamente el legado árabe. A pesar de ello, no pensemos a partir de ahora que nuestra comparsa es íntegramente de origen musulmán; los Maseros hemos nacido y crecido en el bando cristiano y eso no lo vamos a cambiar. Sin embargo, reflexionar sobre nuestras raíces festeras y humanas, objeto de este artículo, nos llevará sin duda a ser más tolerantes.
 
Para algunos visitantes que no conocen nuestras costumbres y que acuden a presenciar las Fiestas de Moros y Cristianos de nuestra geografía, esta conmemoración puede resultarles una forma de represión de los moros por parte de los españoles, además de una negación y ocultación de la influencia árabe en nuestra cultura. Pues bien, los Labradores, encorsetados en el arraigo popular villenense y con numerosas alusiones a nuestra religiosidad, tenemos la oportunidad de cambiar esa opinión y progresar como comparsa, mostrando orgullosos nuestros orígenes musulmanes y en definitiva, el respeto a otras culturas.
 
Aunque cada cultura nace de sus propias raíces, no puede dejar de crecer cuando se cruza con otras culturas. Convirtamos el cruce en injerto dando al mundo un nuevo ser.
 
Francisco Ribera Sevilla