"LA GAZPACHÁ" DE LOS MASEROS
Los gazpachos. Un plato que nos ofrece un caldoso guiso a base de carne de caza donde se bañan trozos de torta. Hongos, pimientos, caracoles serranos y pebrella hacen el resto. Un consistente potaje que, siendo fieles a su origen pastoril, se come con la forma y costumbres tradicionales, sobre la propia torta o incluso utilizando como cuchara pellizcos de la misma. Un plato originalmente manchego, que debido a la situación de Villena como "ciudad fronteriza", fue incorporado a nuestra gastronomía. Cuando durante el siglo XIX, Villena pasó a formar parte de la provincia de alicante, éste se difundió hasta la localidades costeras donde hoy se elabora con marisco. Un plato que unido al arroz y pata, al arroz empedrao, al arroz y punticas, a la gachamiga, al zarangollo, a las pelotas y al triguico picao hacen de nuestra gastronomía una cocina campesina y humilde, pero no por ello menos sabrosa.
La Comparsa de Labradores de Villena somos actores de la obra que encarna las costumbres de los villenenses en la huerta, representantes del duro trabajo en el campo, danzantes del folclore de nuestra ascendencia y cocineros de la gastronomía más tradicional de nuestra ciudad. Sabedores de dichos calificativos, vestimos trajes que rememoran la época labriega, llevamos utensilios de labranza en nuestros desfiles, bailamos danzas folclóricas y elaboramos con mucha afición los platos de nuestra cocina. Este último rasgo es el que nos acompaña en este artículo, en particular la elaboración del gazpacho y más concretamente la celebración de la tradicional "Gazpachá" de los Maseros.
Los Labradores, fieles a nuestra tradición, acudimos cada año después de las fiestas de septiembre a celebrar el "Día de la Gazpachá" al Santuario de Ntra. Sra. La Virgen de las Virtudes. Una comida establecida desde el primer año de fundación de la comparsa y que nunca ha dejado de celebrarse en tan emblemático lugar. Ochenta "Gazpachás" llevamos a nuestras espaldas, una larga que inunda nuestra mente de preguntas: ¿qué sentimientos tan arraigados alberga la comparsa hacia dicha celebración?, ¿cuál es el volumen de trabajo que acarrea celebrarla ahora que somos una comparsa numerosa y porqué continuamos celebrándola? Las respuesta las encontramos en los Maseros que año tras año han acudido a pasar la mañana entre fogones, en los socios y no socios que incesantemente han colaborado con las directivas que han dirigido durante años tal evento y por supuesto en los recuerdos de los Maseros veteranos cuyos padres vivieron aquellas primeras "Gazpachás". De todos ellos y por ellos surge este artículo.
Durante las tardes de abril, compartiendo charraicas en la sobremesa de varios hogares maseros escuché los relatos que aquí acontecen.
... la lumbre se prendió por vez primera una mañana de domingo de septiembre de 1927, siendo presidente D.Pascual Reig "Raspajo". Pasadas las fiestas, un número de Maseros en carro y otros en el Chicharra, partieron hacia "La Virgen" para realizar la primera "Gazpachá" celebrada en las Fiestas de
Moros y Cristianos de nuestra ciudad. al llegar al santuario, se dirigieron hacia las cuadras y pesebres, donde hoy están los hogares, y allí mismo elaboraron el almuerzo, que consistió aquel año y sucesivos en un cordero. Se comía sin embargo, donde ahora se sitúa el Centro Pastoral San Agustín, en unos tableros que luego se utilizaban también para comer. A mediodía, mientras unos cuantos voluntarios elaboraban los primeros gazpachos, el resto asistían a misa sin faltar ninguno. Al salir de la misma, alrededor del pozo del claustro, en un tablero de unos pocos metros, treinta y cinco o cuarenta Maseros y el párroco, daban cuenta de los mismos. Por aquel entonces era todo muy sencillo y campechano, la torta sobre el tablero hacía de plato gigante, unos guijarros elevaban el canto de la torta para que los gazpachos no se salieran y el vino no faltaba, ya que un barril surtía el barral que rodaba la mesa sin tocar la madera. Al finalizar, para amenizar la sobremesa, acudía un acordeonista, y con algunos compases se hacía el baile. Al caer la tarde, se tomaba de nuevo el Chicharra y se volvía a Villena, concretamente a la casa del capitán, donde las sobras que habían sido depositadas en un barreño, volvían a comerse. El capitán agasajada con olivas, agrios y vino. En ocasiones también se disfrutaba de otras bebidas paisanas como el paloma o el canario. En definitiva, los primeros cucharazos a una tradición que perseverado en este santuario y sin descanso hasta nuestros días.
En esta primera "Gazpachá", el vino nubló la lucidez de algunos y las discusiones y disparates que se dijeron llevaron al abandono como masero de Pedro Galipienzo "Caratorta" que había fundado la comparsa meses antes. También dimitió como presidente "Raspajo", tomando a partir de entonces D.José Hernández Menor "Pepe el Ruso" (1927-1949), las riendas de la comparsa. En aquella época continuó realizándose la pitanza de igual manera, excepto el almuerzo que sufrió cambios ...
[...
"Antiguamente, el almuerzo,
s´estuvo haciendo unos años,
se mataba un borego
pero un borrego d´antaño.
Pero como a veces tiene
tan mala sombra la gente,
lo suspendió "Pepe el Ruso"
estando él de presidente.
Habían cuatro cocineros
que ellos todo se lo hacían,
lo mataban, lo guisaban,
y cuasi se lo comían.
Güeno, pa terminar pronto,
Que a la hora d´almorzar,
Los pedazos de borrego
Los tenían que sortear.
Un año, dos directivos,
A la hora d´almorzar
tuvieron que ir a la iglesia
p´hablar con el capellán.
Aquellos, cuando gorvieron
almuerzo ya no quedaba,
jueron a los cocineros
pa ver si aquellos les daban.
Y allí estaban mano a mano
Con costillicas asás,
Pero los dos directivos
se jueron sin almorzar.
Si tu jueras visto al "Ruso"
Cuando s´enteró del caso,
Dijo: ¡Quien quiera almorzar
que se lo eche bajo el brazo!
Jue suspender el almuerzo,
y los cuatro cocineros,
a partir d´aquel momento
se borraron de Maseros
-¿Y eso es amor a la fiesta?
-¡Claro que no! ¡Desde luego!
Ni a la comparsa tampoco,
eso era amor al borrego".
[...]
OCT, 1982 (ECH)
Este suceso ocasionó que durante muchos lustros, se almorzara de sobaquillo llevándose cada masero su tentempié. No obstante, la Comparsa siempre puso el vino y los agrios.
Año tras año, los Maseros continuaban realizando la "Gazpachá" y cada vez acudía más gente. En los años cincuenta y sesenta, siendo presidentes D. José López "Panchana" (1949-1963) y D. José Navarro "Querrecle" (1963-1975), la organización era un tanto más compleja. La comparsa ya tenía algunos utensilios pero no eran suficientes y se llegó al acuerdo con la Comparsa de Nazaríes de no realizar la celebración el mismo día para prestarse así lo necesario. El carro de José Gandía fue el encargado de transportarlos al santuario hasta la llegada años más tarde del camión de "el Bombo". Mientras el carro enfilaba su camino, el resto de Maseros tomaba el tren "Chicharra" hacia "Las Virtudes". Hecho que, siendo "Querrecle" presidente, se vio favorecido debido a su trabajo en la estación de tren. Algunos años en los que la asistencia era masiva, se daba la orden de enganchar algunos vagones más y allá que iban todos los Maseros, músicos incluidos, a disfrutar del día.
Otro hecho a destacar en nuestro repaso histórico-gastronómico es la aportación de algunos Maseros como Juan García "el Monacillo" y posteriormente Virtudes "la Galla"y su marido Chimo, de su propia casa para hacer los preparativos la tarde anterior a la "Gazpachá". En sus hogares se llevaba a cabo el partido de las tortas y la preparación de los animales. Por aquel entonces ya se preparaban doce conejos, ocho pollos y docenas de caracoles para dar de comer al día siguiente a los cincuenta Maseros y por supuesto al cura Don José. Para amenizar los preparativos del sábado, se tenía costumbre de servir la sangre de los animales hervida con unos tragos de vino.
En esos años ya se disfrutaba de la presencia de los músicos de Alfafara. Éstos acompañaban a la comparsa todo el día y también se deleitaban con la "Gazpachá"... y el barral. El almuerzo continuaba siendo de sobaquillo pero a los músicos se les preparaba un poco de fiambre con pan ya que como cuentan los veteranos, "pa soplar hay que alimentarse ... y algún que otro trago". Después del almuerzo algunos jugaban la partida de truque, otros paseaban con la banda por el santuario y algunos seguían haciendo compañía al barral, hecho que en más de una ocasión caldeaba demasiado los ánimos. Era un día en el que la familia masera "invadía La Virgen".
Contaba Chimo en la tarde que pasé con él y su señora:
Un año, después de almorzar, nos fuimos mis amigos Zamora, Romualdo y yo a recoger dinero para pagarle el aperitivo a los músicos. Era costumbre. Nos acercamos al bar a buscar a los truqueros. Cuando nos vieron entrar echaron la falta y en un momento la partida se acabó y por el ventanal se fugaron. Al año siguiente mi amigo Romualdo vigiló la ventana y así conseguimos algunos reales.
Más tarde, con lo recolectado y algunos hígados de los animales, los músicos tomaban el aperitivo en El Molino disfrutando del entorno que siempre ofrece el santuario.
La visita a nuestra Patrona era ineludible y todos acudían a misa, donde Paco Calabuig y Eustaquio ayudaban a D. José Joaquín en la celebración. Finalizada ésta, de nuevo llegaba la hora de la "Gazpachá". Las mujeres se retiraban a comer a la pinada y los hombres junto a los músicos daban cuenta del potaje. Por aquel entonces también iban algunos chiquillos y a éstos se les ponía las mujeres al recinto y ahora sí, con banda de música, se hacía el baile. En tantos años de celebración, alguna vez el cielo enturbió el agradable estar del que se disfruta en este sagrado lugar. Sin embargo, nunca se suspendió. Incluso se acudía al santuario a pesar de amanecer el día lloviendo. Las ganas de fiesta eran mayores y todos bajaban al Chicharra bajo el paraguas. Cuando llegaba la hora de la comida, se "arrepretaban" en el techo que ofrece el claustro del santuario y después todos a bailar al bar.
En aquellos años la Comparsa ya disfrutaba de local social. Éste estaba situado en el callejón Los Postigos, en las "Casicas de Hellín". De buena mañana, los Maseros, músicos y acompañantes se concentraban en esta sede social para partir en pasacalles hasta la estación de tren. Por la tarde, una vez finalizada la visita a "Las Virtudes", otra vez desde las inmediaciones de la estación de ferrocarril, partía el pasacalles con todos los "gazpacheros", capitán, alférez y amigos hacia el local social a los sones de la banda, dando por finalizada la "Gazpachada". Este pasacalles se ha llevado a cabo desde que la banda actúa en esta celebración, viéndose modificado su recorrido en base a la sede social del momento.
Llegó el año 1976. Los Maseros con D. Remigio Flor López (1975 - 1978) de presidente, celebraban su 50º aniversario. Se cumplía una efeméride importante y la "Gazpachá" lo celebró con la vuelta del almuerzo. Se hicieron un par de gachamigas, sardinas fritas, tocino y algunas caballas. No se puede decir que faltara, pero tampoco sobró, así que año tras año se fue incrementando la cantidad de almuerzo y también la de Maseros que asistían.
Entramos ya en los años ochenta con los presidentes D. Asensio Navarro Hernández (1979 - 1982) y D. José García García (1983 - 1986) al frente de la Comparsa. Durante esta época los Labradores llegan a ser la tercera comparsa más numerosa con más de 300 socios por detrás de Estudiantes y Piratas. con estos datos, la organización de este entrañable día empezó a complicarse. Quince días antes ya comenzaba la planificación: elaborar listados de compra, asignar tareas a los directivos, revisar el estado de las paellas, gazpacheras, paletas, sartenes, etc. En este periodo ya se guisaban diez paellas y cinco sartenes de gazpachos. La Comparsa tenía en propiedad siete u ocho tableros pero eran insuficientes y pedía prestados, hasta completar los quince que eran los necesarios para montar las mesas al día siguiente. El sábado, día anterior a la comida, por la tarde, se reunía la directiva a pelar patatas en la sede social ya ubicada en la calle Sancho Medina. Más de cincuenta quilos de patatas peladas a mano y dispuestas pacientemente en recipientes con agua y limón ocupaban esa tarde.
Al anochecer llegaban los socios al tradicional "partir tortas", un momento que ya aparecía en los primeros años y que todavía hoy prevalece. Un desmenuzamiento de las tortas al que curiosamente siempre acuden los mismos socios en épocas diferentes. La Comparsa poseía unos sacos de tela blancos que albergaban hasta el día siguiente esta materia prima por excelencia de la "Gazpachá". Unos sacos que todos los años Diego "el Papa" rellenaba con su "cuenta la vieja" de puñados y ataba uno a uno llevando solo él el recuento de los que se necesitaban. Mientras, Fulgencio Muñoz, "el tío Flugen", freía rechigüelas para deleitar a los presentes. Al día siguiente, bien temprano, la directiva elaboraba el almuerzo que ya se había visto incrementado considerablemente con varias gachamigas, longaniza, tocino y por supuesto, los cincuenta quilos de patatas pelados a mano pacientemente. Llegaba de nuevo la hora de elaborar la manduca y allí estaba Virtudes "la Cencerra", que desde tiempos de "Querrecle" organizaba la elaboración de gazpachos y paellas junto a un grupo de mujeres. Troceaba los animales, distribuía los ingredientes y pasaba una a una por todas las paellas y cacerolas para echar los puñados de arroz y gazpachos, así como a probarlas de sal posteriormente. Personajes todos ellos que junto a otros muchos maseros, son recordados por su presencia y apoyo incondicional. Cada uno con su pequeño pero esencial papel en esta gran historia.
A finales de los años ochenta, con D. Francisco Rojas Navarro (1987 - 1989) como presidente, la Comparsa sigue creciendo. El "Día de la Gazpachá" se ha convertido en un referente social y muchos amigos que no son Maseros acuden también a comer. Es un día especial para la Comparsa y nunca se le ha negado la asistencia a nadie. Todo lo contrario, los Labradores siempre se han sentido orgullosos de la alta participación año tras año. Eso sí, sin lujos. como dice la tradición "de pie y mojá pa tras".
Los músicos siempre han recordado este día con gozo. De buena mañana, entonan notas acompañadas de calenticos y mistela. Un paseo corto y rápidamente a almorzar. Una vuelta por el santuario y a disfrutar del aperitivo. Un escaso aperitivo que hace unas líneas se compraba con unos pocos reales, ahora convertido en un suculento ir y venir de platos de sepia y calamares regados con refrescantes quintos en el bar de "los reyes". Finalmente y antes de partir hacia Villena para hacer el último pasacalles, los músicos dan una vuelta por la pinada para visitar a varias familias maseras que desde siempre han comido allí: los Caones, Malpica, Chimo, el Hornero, Gasparón, Ribera, Diego, Cabila, Ángel el marmolista, los Picantos, etc. Familias que esperaban la llegada de la banda con los cargos para obsequiarlos con torta, pasteles, mistela y café. Como si no hubiera pasado el tiempo, como antaño junto al pozo del santuario, se improvisa el baile, suenan unos pasodobles, los Maseros se lanzan a la pista y se renueva una vez más el ciclo de la historia de la "Gazpachá".
Tradición proviene del latín traditio, y éste a su vez de tradere, "entregar". Entendemos como tradición todo aquello que una generación hereda de las anteriores y, por estimarlo valioso, lega a las siguientes. Se considera tradicionales a los valores, creencias, costumbres y formas de expresión artística característicos de una comunidad, en especial aquéllos que se trasmiten por vía oral. Lo tradicional coincide así, en gran medida, con la cultura y el folclore o "sabiduría popular". Las tradiciones en nuestra Comparsa han sido siempre tratadas con mucho arraigo. Somos una Comparsa de costumbres, de hábitos cotidianos y esto quizás nos induce a sentirlas de manera más intensa y la "Gazpachá" ya se había convertido en una enraizada tradición cuando en el año 1992 peligró seriamente su celebración.
Pasadas las Fiestas de ese año, el presidente D. Francisco Cerdán García (1990 - 1992) convocó una reunión extraordinaria. Comentarios del "correveidile" anunciaban la peor de las noticias y acudieron multitud de Maseros. En la misma, tomó la palabra el presidente y a anunció a los presentes que por motivos económicos ese año no iba a celebrarse la "Gazpachá". El impacto fue tremendo y el breve intervalo de silencio que produjo el histórico anuncio, dio paso al estallido de un sin fin de manifestaciones de todo tipo por parte de los allí presentes. Los Maseros perdían su "Gazpachá", una de sus tradiciones más arraigadas. Entre expresiones un tanto exaltadas, varios Maseros arengaron a los socios a no dejar que ocurriera esta pérdida y allí mismo, en el vestíbulo de la sala, convocaron una reunión para estudiar la situación. Emplazaron al presidente a la misma para dar solución a lo ocurrido pero no acudió. Finalmente, después de repetidas peticiones, entregó los listados de todo lo necesario para la celebración, a José García García antiguo presidente de la Comparsa. Este asesoró en la manera de realizar el evento y los grupos y peñas de la Comparsa se hicieron cargo de organizar y costear la "Gazpachá" del 20 de septiembre de 1992. El montante total (551.193 pts) se financió a razón de 2.300 pts por cada componente de los grupos. Estos fueron: Los Verdes (18 componentes), Los Segadores (58 comp.), Los Verduleros (12 comp), La Botija (11 comp.), La Alegría de la Huerta (12 comp.), Los Dianeros (8 comp.), El Señorío de Villena (11 comp.), El Garrote (8 comp.), Capullitos de Alhelíes (10 comp.), La Estornija (4 comp.), El Socarraico (12 comp.), Los Regaores capitán y alférez (9 comp.), El Cebollón (10 comp.), el Garrotico (12 comp.), Trigo Limpio (16 comp.), La Huerta (9 comp.).
Este hecho es considerado por muchos Labradores como unos de los momentos emblemáticos de la Comparsa en cuanto a unión se refiere. Los Maseros, fieles a su tradición, fueron ejemplares en la aplicación del algoritmo "divide y vencerás" y en breves días consiguieron organizar, comprar y preparar todo lo necesario para celebrar la imparable "Gazpachá". Llegó el gran día y los Labradores la llevaron a término con el orgullo de sentirse una Comparsa unida y unida y fiel al legado gastronómico de sus ancestros.
Durante la presidencia de D. Francisco Cerdán García los grupos "El Señorío de Villena" y "El Farolico" fundan los premios a los mejores gazpachos a la mejor paella respectivamente. Son premios que han perdurado hasta hoy y pretenden fomentar la sana competencia en la elaboración de estos manjares, así como agradecer a los participantes su colaboración en el desarrollo de la "Gazpachá".
Pasada la tormenta llega la calma y es de nuevo D. José García García (1993 - 1996), quien después del desaguisado, toma las riendas de la Comparsa. Durante su primer año de mandato devuelve a los grupos todo el dinero aportado para celebrar la "Gazpachá" el año anterior. Fue durante su presidencia cuando se arregla la explanada en el santuario, hecho que trajo algún que otro barullo, que relataba Eustaquio Cabanes hace unos años con su buen humor:
En el año 1996, recién arreglada dicha explanada, comimos allí y no hubo ningún problema, claro, que cuando terminamos de comer, aquello se quedó más limpio que estaba antes. Por lo visto, en el domingo siguiente fue otra comparsa y ya no fue igual, donde mismo hicieron el milagro, se dejaron el santo; y eso no es. Luego pagamos justos por pecadores, así es que en el año siguiente nos tocó de comer en el patio de las cocinas, o mejor dicho, en el patio no cabíamos y nos mandaron más arriba de los aparcamiento, un poco más y nos mandan al Zaricejo, ahora ya parece que la cosa ha vuelto a su normalidad.
La participación en la "Gazpachá" era cada vez más masiva. Con la incorporación de la mujer en 1988, ésta participaba de pleno derecho en la misma y el volumen de utensilios y cantidad de alimentos se disparó considerablemente. Aproximadamente mil doscientos socios albergaba la Comparsa en aquella época, siendo presidente D. Eleuterio Gandía Hernández (1997 - 1999). En los archivos de la Comparsa se encuentra un curioso croquis que acompañamos a este artículo con las cantidades de fuentes, platos y botellas que se distribuían en el almuerzo en esta época en las quince mesas dobles que se montaban. Como dato destacable podemos comentar los cien quilos de patatas repartidos en doscientas cuarenta fuentes. Estas ya no se pelaban a mano como antiguamente, se llevaban al restaurante La Salvadora donde hacían la faena.
En el año 2000, la Comparsa decidió, siendo presidente D. Francisco Miró Soria (1999 - 2002), comprar la actual sede social situada en la plaza de Sta. María. Este hecho provocó un descenso en el número de socios hasta llegar a los algo más de ochocientos Labradores que conformamos ahora la Comparsa. Sin embargo, no mermó la costosa organización de celebrar la "Gazpachá". Durante este periodo los Maseros celebramos el 75º aniversario de nuestra fundación y por supuesto no faltamos a la cita con nuestra añeja comida en el santuario.
Estamos llegando al final de nuestro viaje gastronómico en el tiempo. Dña. Maricruz Rojas Tomás (2003-2005) toma la presidencia de la Comparsa y el presupuesto y esfuerzo físico para realizar la "Gazpachá" alcanza cotas muy altas. Entre setecientas y ochocientas personas esperan un año más la llegada de este día para reencontrarse con los amigos que despidieron en el desfile de nuevos capitanes. Las ganas de fiesta no se han desvanecido y muchos Maseros acuden a colaborar en la realización del almuerzo y la comida. Los directivos, después de unas Fiestas largas y demoledoras, vuelven a la carga. El camión de "Conca" llega a la sede social el sábado por la tarde y cientos de kilos suben al mismo. La infraestructura necesaria ha crecido no sólo en número sino en detalles. Ya no bebemos vino en barral, ahora tomamos agua, cerveza, cocacola, fanta, sprite, etc. Extendemos manteles y servilletas en las más de cincuenta mesas. Degustamos pastas, mistela y las tortitas calientes de José Ortín "el Quebra" elaborando para el almuerzo. Tomamos refrescos a media mañana con su "pinchao" de queso fresco, caballa, agrios, frutos secos, etc. Se puede decir que el socio está bien cuidado, pero también es de recibo reconocer la alta colaboración de los Maseros en la elaboración de todos los alimentos: más de setenta quilos de embutido, vueltas y más vueltas en las veinte gachamigas, trocear los noventa kilos de pan, limpiar las cien docenas de caracoles, elaborar las sesenta tortas de gazpachos, cocinar las veinticinco paellas y preparar las ocho sartenes con sesenta kilos de patatas, entre otras tareas.
Miércoles, 21 de mayo de 2008. Repasando los datos de la última "Gazpachá" con D. José Sánchez Ferriz, actual presidente de la Comparsa, observamos un detalle que casi se olvida mencionar en este artículo: la uva. Refrescante postre, que desde el primer año que se celebró la "Gazpachá", ha dado el toque final enjuagando el paladar de los espesos gazpachos o del "socarraico" de la paella. Setenta kilos de esta fruta se desplazaron al santuario el pasado año.
El prósimo septiembre, una vez pasadas las Fiestas, una tarde de domingo, a las 15:00 h. los gazpachos y paellas estarán listos. Arrancarán los sones del pasodoble 75º Aniversario y los cocineros se prepararán para salir en desfile hacia las mesas. Los delantales, blancos a las 7:00 h., darán fe de la batalla vivida durante la mañana. Las caras de los cocineros, marcadas por el graciosillo que tizna de hollín y sonrojadas por el calor de los fogones y algún que otro trago, sonreirán orgullosas de haber contribuido un año más a festejar este emblemático día. Fuera, en la explanada, esperarán su llegada las mesas ribeteadas de mendrugos de pan. Los cientos de Maseros y amigos que se desplacen hasta el santuario un año más para visitar a su Patrona y cumplir la tradición, esperarán hambrientos. Por fin la señal será dada y comenzará la comida. Cada uno con su cuchara. Las habrá de todos los tipos: cucharas de diario, cucharones para los más comilones, cucharas de madera para los melancólicos, cucharas grabadas de los más tradicionales, incluso cucharas con palo largo para desde lejos llegar mejor a la manduca. Sea cual sea el cacillo la política de "cuchará y pa tras" volverá a ser mencionada. En ese momento de espera hasta la siguiente cucharada, si miramos a nuestro alrededor, veremos la algarabía de nuestros amigos y seguro entenderemos qué animó hace ochenta y dos años a aquellos Maseros a realizarla por primera vez, entenderemos por qué los maseros han cumplido ininterrumpidamente con su tradición, nos estremeceremos al recordar a los Maseros que ya no acuden a dicha celebración y valoraremos todavía más el esfuerzo que la Comparsa realiza para estar allí.
Y... ¡ojo, no despistaros mucho que el "socarraico" se acaba!